lunes, 2 de agosto de 2010

cronicas de mar y tierra 6

Crónicas de mar y tierra 6
Nos reímos con la pequeña Marina, la segunda hija de Blanca, que en cuanto la traen a casa de sus abuelos, se pasa inmediatamente a vernos y nos divierte con su media lengua porque es muy comunicativa. Todos los demás entran a la terraza y a la casa como Pedro por su casa pero ella nos hace especial gracia a sus dos años casi tres. Ayer le preguntó a Antonio, con el que se lleva estupendamente: “¿estás cholito?” ¿po qué s´ han ido todos?”. Hoy ha venido con su osito de peluche y nos ha contado que “está malito, tiene pupa” y a continuación nos aclara, como si fuera un doctor en medicina en el ejercicio práctico de su profesión: “Tiene otitis”, al tiempo que señalaba sus grandes orejas. Nos ha dado la risa, porque lo ha dicho con toda claridad, no cabía confusión posible.
Esta mañana ha transcurrido dentro de la rutina más absoluta. Maru ha cambiado su actividad artística de la pintura por la más prosaica del arreglo de unos pantalones, trabajo que le ha traído Paz desde Madrid, aprovechando su venida. Ha comprado tres piezas en las rebajas y había que subirles el bajo, tarea que Maru hace de maravilla, lo sé por experiencia propia. No lo ha dejado para más adelante, se ha puesto diligente a ello hasta casi terminarlo. A las doce ha interrumpido para marcharse a la playa. Ha llamado a su amiga Tere, la ha recogido, y en su coche, cargado con los sillones plegables y la sombrilla, se han ido hasta el Arenal. Me he quedado con la mala conciencia de que tenía que haberlas acompañado. Me consuela solo el dato de que si la Dirección General de Tráfico le ha renovado el carnet de conducir, ellos sabrán, claro, aparte de que, cuando digo que me puedo ir con ellas, se revuelve todavía muy orgullosa diciendo que aún no es una inútil, que la dejemos.
Luego me ha contado Tere por teléfono que, una vez en la orilla, ella ha empezado a hacer los preparativos para clavar la sombrilla en la arena. Enseguida un señor extranjero, alto y fuerte se ha presentado para ayudarlas y la ha colocado con menor esfuerzo y mayor fiabilidad. También me ha dicho que, cuando se han metido en el agua, las dos de la mano, con el paso inestable pero resueltas, había allí cerca una señora joven que no les quitaba ojo y ha estado atenta hasta que han salido. Imagino que la buena señora estaría pensando o bien que eran dos mujeres sin hijas o que, si las tenían, eran unas egoístas de tomo y lomo además de tranquilas. Lo malo es que no les falta razón…
Yo me he bajado con Antonio y Paz al Baconé. Hoy ha sido el baño más grato de la temporada porque el agua estaba extremadamente clara, como raras veces la vemos. Mi tritón acompañante y yo nos hemos lanzado, gafas y tubo en ristre y él además aletas, a nadar el trayecto habitual, hasta el final de cala María. El fondo del mar se veía con nitidez, lo que, por cierto da lugar a consideraciones mentales mientras avanzas, como que estamos dejando las costas esquilmadas, que ya no se ven más que peces medianos o pequeños mimetizados con el color pardo de los fondos, rocas amorfas en las que no se encuentra rastro de vida, ni un cangrejo, ni un erizo, ni pulpos, ni caracoles, ni lapas, nada de lo que en otro tiempo nosotros mismos hemos podido ver. Cada año lo encuentro más vacío y carente de interés. Nos paramos en medio del trayecto, frente a los acantilados, de pie en la roca desde donde el panorama del Montsiá y la silueta de las casas del pueblo, sigue siendo precioso, como el color rojo intenso de la costa que contrasta con los distintos verdes de los pinos y matorrales de la superficie.
La conversación con Hilde y Hans, en cambio, siempre repetida en los temas, no varía año tras año, aunque en este verano aprovecho para intercalar alguna frase o palabra en alemán y que se noten los progresos realizados durante el curso con tan buena profesora como la que he tenido.
La noticia inquietante que hemos recibido al medio día de Carmen Alamillo es que a su madre, la tía Pili, la han internado con fuerte dolor en la pierna. Por la noche hablamos con Elena pero no nos aporta nada nuevo, que le están haciendo pruebas, que todo hace indicar que es una trombosis y que ya ha acudido Antonio que tomará parte responsable en el proceso. Ella suspira por volver a casa, la pobre.
Por la tarde decidimos hacer algo que no nos aparta del guión de los días precedentes, ir a Perales a última hora a llenarnos los ojos del mar y en esta ocasión el estómago de mejillones, esos pequeños y sabrosos moluscos de la zona, tan apreciados por todos nosotros, que sólo se comen aquí y que tienen la propiedad de que se revalorizan por sí solos, es decir, con cocerlos al vapor, sin añadir nada, nos saben a gloria. Antonio ha dicho que se queda porque va a correr por la costa, que tal vez se reúna con nosotros. Cuando estamos allí sentados me parece ver un punto blanco moviéndose a la salida del mamotreto, entrando ya en la parte alta de Cap Roig. Como Maru no va a ningún sitio sin sus pequeños pero estupendos prismáticos, me acerco un poco a la costa para asegurarme, mirando a través de ellos, y en efecto, es Antonio el que corre como un gamo por el caminito. Yo anuncio que puede estar junto a nosotros en pocos minutos y Rafa con sus ocurrencias habituales nos exhorta a terminarnos antes los mejillones… pero al final no viene, se da la vuelta.
El día termina de la mejor manera porque Antonio nos ha preparado una magnífica pantalla que en nada desmerece de la de un cine de pago, para cuya preparación ha planchado, incluso, una sábana. Antes ha tenido que preguntar si hay plancha y dónde está porque es un electrodoméstico un tanto obsoleto y si no, véanse las camisas que lleva Rafa. Lo cierto es que queda todo preparado a la perfección para ver la película Tierra, ese maravilloso documental.

Continuara….

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